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La Paradoja de la AnsiedadLa Paradoja de la Ansiedad

La Salud Mental: La Paradoja de la Ansiedad

¿Es un amigo o un enemigo? En un momento en el que el tiempo parece viajar más rápido y las opciones son mayores, vivir al borde de un ataque de ansiedad se está convirtiendo en algo habitual. Aprende qué es lo que activa esta extraña emoción y cómo utilizar esta fuerza a tu favor.

Una palabra basta para que de repente tus pensamientos vayan tan rápido que creen un vórtice en tu garganta que te hace imposible respirar. La confusión te invade y no puedes imaginar a dónde dirigirte desde ahí.

Estos son algunos de los síntomas de la ansiedad. No es consolador saber que todos hemos experimentado la ansiedad en cierto nivel en algún momento de nuestras vidas. La ansiedad aparece cuando nos enfrentamos a un momento decisivo o que puede cambiar nuestra vida, o quizás cuando debemos tomar una decisión importante. Sentimos cómo nuestros peores miedos se cuelan en nuestro inconsciente, donde se multiplican, incitando a la incertidumbre y la preocupación sobre algo que puede –o no– llegar a pasar.

El gran filosofo francés Montaigne escribió una vez: “Mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron”. La ansiedad distorsiona las preocupaciones normales y las magnifica. Nos quedamos atrapados como moscas en telarañas que nosotros mismos hemos creado, luchando desesperadamente, paralizados sin poder tomar las acciones necesarias para liberarnos.

El miedo está basado en un peligro conocido, algo tangible: un bulto que se descubre en un auto examen rutinario del busto, una bancarrota inminente. Estos son problemas que sabemos que son reales: podemos tocar el bulto, podemos ver la deuda. Y aunque los problemas son agobiantes, hay cosas que se pueden hacer: extraer el bulto, dietas especiales, tratamientos; reestructurar el negocio, encontrar inversionistas. Sin embargo, con ansiedad nos sentimos angustiados, fuera de control.  Y aunque nos presionen, no podemos señalar la causa exacta. Eso se debe a que la ansiedad no tiene un origen físico, es un desorden que desconcierta a los médicos y se resiste a la medicina. Los que lo sufren toman pastillas, tónicos y drogas para lograr un alivio que raramente encuentran.

Sin embargo, a pesar de las connotaciones negativas asociadas con la palabra ansiedad, la sensación en sí misma puede crear un efecto verdaderamente positivo en nosotros. Y aunque es algo que deseamos no experimentar nunca, nos encontramos mejor después de haberlo hecho. La ansiedad es tanto una maldición terrible como una gran bendición.

Todo depende de cómo la mires.

Los Kabbalistas sugieren que debemos ver la ansiedad bajo una luz positiva. Ellos creen que se manifiesta para recordarnos que no estamos realizando nuestro potencial pleno en este mundo, que no estamos cumpliendo nuestro propósito. Sólo con el estímulo de una autoevaluación constante, que a menudo empieza con ansiedad, nos esforzaremos por estar mejor y lograr el éxito en nuestros esfuerzos. De hecho, la ciencia de la medicina apoya esta perspectiva. Muchos médicos sostienen que un poco de ansiedad es algo bueno. Donald W. Goodwin, M.D., en su extenso tratado sobre el tema llamado “Ansiedad” (Oxford, 1986), sugiere que el estrés es una herramienta útil que puede “construir el carácter, aumentar la creatividad y animarnos a tener mejores resultados”. Con la ansiedad, experimentamos una conciencia más elevada de nosotros mismos. Según la Asociación Médica Americana (American Medical Association), la ansiedad también nos ayuda a responder ante las emergencias.

De ahí la naturaleza paradójica de la ansiedad: ¿Es mala o buena para nosotros? ¿Cómo podemos disminuir los efectos negativos de la ansiedad y utilizar sus efectos positivos para impulsarnos a estar mejor? ¿Cómo podemos utilizar nuestros pensamientos ansiosos para ayudarnos a lograr nuestros objetivos?

Hay un viejo refrán que dice: “El miedo llamó. La fe respondió. No había nadie”. Aquellos que estudian la Kabbalah creen que la ansiedad ocurre cuando no tenemos certeza. Al negarnos a confiar en Dios, o en la perfección del plan supremo, aceptamos cargas que nunca debimos soportar y, por lo tanto, nos sentimos inquietos, deprimidos y asustados. Nuestros cuerpos responden físicamente a este desequilibrio espiritual, motivo por el cual los que sufren de ansiedad también experimentan dolores de cabeza, mareos, palpitaciones, una gran fatiga y problemas respiratorios.

Sin embargo, según la Kabbalah, nuestra conciencia de la ansiedad es la forma que tiene el Creador de ofrecernos la oportunidad de reconectar con Él, un llamado para que el espíritu se despierte. Los Kabbalistas creen que a través de la ansiedad se nos alerta de un giro equivocado que hemos tomado, dándonos así la capacidad de reorientarnos a nosotros mismos en el camino hacia nuestro destino verdadero. Quizás estamos demasiado enfocados en los deseos personales o en conseguir fama o fortuna y estamos descuidando nuestras necesidades espirituales y las necesidades de los demás. La ansiedad nos da la oportunidad de dar un paso atrás y mirar objetivamente nuestras vidas. “Revísalo y te elevará el espíritu”. (Mishlei, 4:8). Debemos examinar nuestras prioridades emocionales y espirituales y trabajar activamente para lograrlas. Sólo entonces podremos experimentar la verdadera paz mental.

Consejos para tratar con la ansiedad cuando aparece: 

  • Ten un diario: escribe a diario cinco cosas por las cuales te sientes agradecido.
  • Practica actos aleatorios de amabilidad.
  • Reconoce tu increíble potencial y esfuérzate por maximizarlo cada día.
  • Saca de tu mente las preocupaciones ayudando a los demás.
  • Enfréntate a tus miedos: no son tan terribles como te imaginas.
  • Acepta los aspectos positivos de la ansiedad y utilízalos para mejorar tu vida.

 

Si quieres continuar leyendo sobre la ansiedad y el miedo: El Monstruo es Real